Amago

Ernesto Fundadora

Con la poesía de Ernesto Fundora se goza de los preferido, porque él es un poeta que profiere no refiere; su verso es un verso dicho al aire, como trance, consciente  de que la poesía es siempre regreso al lenguaje como un golpe de suerte que nos deja sin aliento, que emigra de lo evidente.

Ernesto trabaja con la mezcla del sueño absoluto, la visión mandálica y con lo transparente e ingrávido que los años logran teñir de una sombra mística, y darle un soplo de presentimiento a su lenguaje. Peor también su poesía es jugo vital, campo fértil trabajado por ojo fuerte, que es también cineasta. Su genio es el entusiasmo, el impulso visible neorromántico. Para él no hay un asunto especial que le inspire (entusiasme) particularmente, pues ve con ojos poéticos todo el Universo. El mundo se le aparece como una inmensa poesía épica. Por eso en Amago todos los seres son vistos como a través de un sueño, misteriosamente libres de la fuerza de la gravedad, como si fueran almas, mundo atascado.

Ese entusiasmo sube como si fuera humo, no descansa más en sí mismo para ser una divina felicidad imprescindible. Dicho estado de gracia no puede resolverse más que en canto, en poesía; por eso Ernesto suele describir su impulso, es decir, hablar de poesía desde la poesía, por que en el sentido del poeta de la necesidad universal, la experiencia del poema es la liberación del individuo y de la humanidad entera.

Elena Tamargo. 



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